Cuaderno de viaje 5: El invierno canadiense en Vancouver
La semana del 16 al 23 de diciembre me llevó de viaje a Vancouver, Canadá. Para ser sincero, no tenía muchas ganas. Un maratón de 20 horas de viaje, una desalentadora diferencia horaria de 12 horas y los húmedos y fríos inviernos me hacían temer el viaje. Para colmo, perdí mi conexión en Seattle. Mientras esperaba el siguiente vuelo, no pude evitar reflexionar sobre la evolución de los viajes a lo largo de los años. Al principio de mi carrera, la idea de viajar era estimulante, una oportunidad de explorar nuevos lugares y conocer gente nueva. Pero con el tiempo, sobre todo con los viajes intercontinentales, el glamour se ha desvanecido. Estoy seguro de que muchos de ustedes se sentirán identificados. Sin embargo, hay algo que no ha cambiado: el valor insustituible de reunirse cara a cara con clientes, clientes potenciales y colegas. No hay nada que pueda sustituirlo.
Este viaje formaba parte de nuestra misión de construir un negocio de cooperativas de crédito consciente en Canadá. Dediqué un tiempo considerable a comprender la visión y la ética de las cooperativas de crédito canadienses. Me sorprendió gratamente su arraigada afinidad con sus miembros y el papel fundamental que desempeñan en sus comunidades. Durante mi visita, tuve el privilegio de reunirme con clientes existentes, con muchas cooperativas de crédito potenciales y con una muestra representativa de la dirección de C1, un proveedor de tecnología especializado en banca y pagos digitales. También tuve la suerte de contar con la presencia de Dave Revell, y nuestras conversaciones no sólo fueron interesantes, sino también una rica experiencia de aprendizaje para mí personalmente.
Sin embargo, la diferencia horaria de 12 horas era brutal. Mi colega, Syed, había programado reuniones consecutivas, desde el desayuno hasta la cena. Aunque agotador, también fue increíblemente productivo.
Para Intellect y para mí personalmente, trabajar con cooperativas de crédito es un espacio único. Históricamente, nuestros clientes han sido bancos relativamente grandes, por lo que sumergirnos en este ámbito ha sido refrescante e instructivo. Este viaje ha consolidado mi convicción de que en Intellect tenemos el potencial para ayudar a estas cooperativas de crédito a dar el salto hacia la consecución de sus ambiciosas misiones.
Al terminar este cuaderno de viaje, no puedo evitar sentirme entusiasmada con el viaje que me espera. Construir un negocio consciente y a gran escala en este espacio no es sólo un objetivo profesional, sino un objetivo profundamente personal. Vancouver, con su frío invernal y sus cálidas conversaciones, ha dejado una huella indeleble en este viaje. ¡Por muchos hitos más!